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Volver a sonreír

No todos mis futuros son contigo. Es algo que tardé en asumir. Empecé a darme cuenta de ello cuando todavía estabas a mi lado y, para mi desgracia, quise aferrarme a todos los futuros en los que sí. A pesar de ver cómo se marchitaban, a pesar de leer entre líneas la realidad de un amor condenado al olvido… a pesar de todo, me até a ti.
Tal vez tú también lo sabías y te pasó como a mí. Por no querer decir adiós a tiempo, sufrimos más de lo que ninguno de los dos merecía. O quizá sí. Por idiotas, por hacernos los ciegos, por no aceptar que no todos los amores consiguen llegar a viejos.
A veces pienso que solamente tuvimos miedo. A la soledad, a no encontrar a alguien más. Quizá creímos que eso que teníamos era todo lo que merecíamos. Yo qué sé. Me gustabas más al principio, cuando a los dos nos importaba todo aquello. Luego, la rutina lo mató todo. Mis ganas de ti nunca volvieron a ser las mismas. Supongo que lo mismo pasó con las tuyas y por eso dejamos de sonreír.
La vida puede ser muy cuesta arriba cuando tienes que cargar a la espalda un amor moribundo que no se decide a morir. Por mucho que aún lata, es mejor decir adiós y vivir a seguir luchando por algo que no tiene futuro.
Me duele pensar en nosotros así, pero he aprendido por las malas a ponerme a mí primero. He tardado, pero no me arrepiento de nada. Después de todo, todas nuestras cicatrices son enseñanzas. Unas mejores, otras peores. Incluso de algunas no aprendemos nada.
Pero de ti, aprendí. Ahora sé lo que no quiero, también cuándo dejar de luchar, de intentar, de querer hacer que funcione algo que está muerto. Ojalá seas feliz, sin mí. Ojalá encuentres a alguien que sí esté dispuesto a lo mismo que tú. Que vuestro amor no se marchite, sino que florezca. Ojalá encuentres a alguien que te quiera mejor que yo.
Te deseo todo lo bueno, ¿por qué iba a querer tu dolor? Simplemente, no funcionó lo nuestro y hoy, al fin, entiendo que aquel adiós era necesario para que los dos pudiéramos volver a sonreír.

 

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