La arquitectura del sismo
Te dijeron que la fragilidad era un defecto. Te enseñaron a esconder las grietas como si fueran cicatrices de una guerra perdida. Pero te miras al espejo y entiendes que no estás hecha de cristal, sino de algo mucho más antiguo y salvaje. Te han golpeado las ausencias. Te han sacudido los silencios que nunca esperaste. Y sin embargo, aquí sigues. No es que no te rompas, es que has aprendido a reconstruirte con los pedazos que otros dieron por perdidos. Eres inquebrantable no porque seas dura, sino porque eres capaz de transformarte. Cada vez que el mundo intentó apagarte, tú encendiste una luz nueva con la fricción del golpe. No te engañes, el dolor no te hizo más fuerte, te hizo más consciente de tu propia resistencia. Ahora sabes que puedes caminar sobre el fuego y no porque no te quemes, sino porque tus pies ya conocen el camino de vuelta a casa. Eres el resultado de todo lo que no pudo contigo. Eres la prueba de que se puede estar herida y seguir siendo un refugio. Mírate bien. No eres una ruina. Eres un monumento a la supervivencia que todavía se atreve a florecer entre las piedras.
— Alejandro Ordóñez
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