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Cómo saber si estoy en una relación tóxica y qué puedo hacer

Actualizado: 26 mar

Seguramente hemos sido testigos en múltiples ocasiones de alguien siendo total y locamente tóxico con su pareja. Definitivamente, es un acontecimiento difícil e incómodo de ver de todas las formas posibles, tanto que no nos gustaría estar en su lugar. Pero claro que es incluso peor experimentarlo de primera mano, pues no son solo acontecimientos que tal vez nos generen una vergüenza, sino que en muchas ocasiones puede hacernos dudar de nosotros mismos, perjudicar nuestra autoestima, y dañar nuestra habilidad para confiar o para abrirnos con alguien más. 


A veces creemos que es algo que no nos podría pasar a nosotros, pero en las relaciones siempre existe la posibilidad de que tu pareja sea tóxico contigo o que tú lo seas con tu pareja. Por lo que hay que estar muy atentos ante estas actitudes para no permitirnos ser víctimas de ellas o no dañar a nuestra pareja al nosotros ser tóxicos.  


¿Por qué se dan las actitudes tóxicas? 


En realidad, puede haber muchas razones por las que alguien desarrolla una actitud tóxica dentro de una relación amorosa, incluso en contra de su propia voluntad o sin que se dé cuenta, pero todas parten de lo mismo: el sentimiento de inseguridad o desconfianza.  


Cuando una persona empieza a demostrar comportamientos tóxicos —en los que abundan los reclamos, demandas de explicaciones, entre muchas otras—, puede deberse a que se ha fragmentado la confianza que siente por su pareja. Sin intención de justificar a quien está siendo tóxico, es probable que la otra persona haya cometido alguna falta grabe en contra del respeto y la dignidad de su pareja, dejando una marca difícil de borrar que le mantiene en alerta todo el tiempo y le hace sospechar de cada acción o actitud del otro. 


También hay casos en los que en realidad no se ha “engañado” de alguna forma a la pareja, pero puede ser que alguien de su pasado sí. E independientemente de lo que un tercero haya podido generar, es posible que se estén cargando inseguridades personales que incluso puedan venir desde la infancia y que no han sido resueltas. En este sentido, puede ser que la pareja que esté siendo tóxica, incluso de una forma inconsciente, no se sienta suficiente o digna de merecer a alguien que le quiera bien, por lo que constantemente está dudando de la legitimidad y veracidad de su compañero. 


Señales de alerta de que estás siendo tóxico o que lo están siendo contigo 


Ciertamente, la toxicidad tiene muuuuuchas formas de representarse, y cada vez va evolucionando más y más, mutando en nuevas actitudes y acciones, pero hay algunas básicas que podemos identificar fácilmente, ya sea porque tú las cometas o tu pareja las aplique contigo: 

  1. Molestarse porque el otro sale con sus amigos. 

  2. Sentir que el otro te tiene que pedir permiso. 

  3. Exigir explicaciones. 

  4. Desconfiar de todo lo que te dice. 

  5. No permitir que esté contigo, pero tampoco con nadie más. 

  6. Querer saber dónde está y qué está haciendo el otro en todo momento. 

  7. Tener la necesidad de hurgar o revisar sus artículos personales, dígase su celular. 

  8. Dar ultimátums. 

  9. Hacer dudar a la pareja de su juicio y su criterio, mejor conocido como “gaslighting”, en el que se hace sentir al otro como que es quien está loco, ve cosas donde no las hay, entre otros. 

  10. Hay una gran dependencia del otro.  

  11. Constantemente busca generar un conflicto por la razón que sea. 


Cómo dejar de ser tóxicos 


Nadie dice que dejar de ser una persona tóxica con la pareja sea una cuestión fácil. Por el contrario, requiere de todo un proceso de aceptación, empatía y, como todo, disciplina.  

Lo primero sería admitir el problema, darse cuenta que estas actitudes no son normales, ni mucho menos buenas, pues dañan a la pareja y a uno mismo. De esta forma, puede llegar a pedirse ayuda, apoyo y consejos de amigos o personas de confianza, así como de la misma pareja; y, por qué no, incluso de un profesional de la salud mental, como lo es un psicólogo.

Para esto es verdad que se requiere de mucha inteligencia emocional, por lo que hablamos de un trabajo de dedicación, constancia y de seguir aprendiendo sobre el cómo relacionarnos.

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