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    Donde el ruido se calma

    Llegaste cuando yo era solo un montón de piezas sueltas sobre el suelo. No traías manual de instrucciones ni promesas de cristal. Solo traías tus manos. Hay amores que no vienen a incendiarlo todo, sino a apagar el fuego que lleva años quemándonos por dentro. Tú eres ese tipo de amor. El que no juzga la cicatriz, sino que la acaricia hasta que deja de picar. El que no pregunta por qué lloro, sino que me ofrece un hombro donde el mundo deja de pesar tanto. Me estás enseñando que querer no siempre es un campo de batalla. Que se puede estar a salvo en el pecho de alguien. Que la ternura es la forma más radical de resistencia. Me curas cuando me miras y no ves el desastre que yo creo ser. Me curas cuando te ríes y el eco de tu voz espanta a mis fantasmas. No eres medicina, eres el aire limpio después de la tormenta. Gracias por recordarme que no estoy roto, solo estaba esperando a que alguien supiera leer mis grietas. Al final, sanar no es olvidar el dolor, es encontrar un lugar donde el dolor ya no tenga la última palabra.

    — Alejandro Ordóñez

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