Gracias por la herida

Tengo el corazón a prueba de balas, pero nunca pensé que pudieras llegar a fallarme tú. Por eso ahora dueles tanto, porque rompiste las defensas que tanto me había costado levantar y has dolido como nunca antes dolió nadie. Quizá no te des ni cuenta de todo el daño, puede que en tu mundo todo haya salido bien.
Ojalá nunca nadie te duela así. Porque a pesar del tiempo que pase, seguiré siendo incapaz de desearte mal alguno. Cómo querer que sufra alguien a quién un día amaste tanto. Por mucho que ahora sufra, sé que yo no soy así. Ojalá poder decir lo mismo de ti.
Siento que hace demasiado de la última vez que hablamos de sentimientos. Quizá pensaste que se me habían acabado, que ya nada podría hacerme daño por mucho que el dolor viniera de ti. Escucho tu risa perenne en las noches a oscuras, haciendo rotos del silencio en mi cuarto, robándome el sueño de un futuro junto a ti. Un “nosotros” que murió, que lo mataste sin piedad por mucho que yo tratara de salvarlo.
Será que la vida se cansó de verme feliz. Ya me tocaba sufrir otra vez un poco más. Por eso te puso en mi camino, para esquivar las defensas que un día levanté y que nadie había vuelto a cruzar. Salvo tú. Que llegaste y te quedaste, haciendo hogar de los escombros y dando luz a las sombras. Me salvaste de mí mismo entonces y por eso siempre te diré: “gracias por la herida”.
Me vino bien recordar la realidad del mundo, la mentira que había levantado en forma de escudo y que yo creía me protegía de personas como tú. Qué iluso. Incluso llegué a pensar que tal vez tanta precaución era una locura, que por mucho que me hubieran dolido antes ya había llenado el cupo de dolores para toda una vida.
Qué equivocado estaba.
Pero, en fin, supongo que pasó lo que tenía que pasar, como siempre que me ilusiono demasiado con alguien y termina siempre doliendo así. Dicen que el amor, cuando duele, es más real. Sinceramente, espero que no sea siempre así. Me niego a creer que todo amor tenga un final gris. Por eso sé que por mucho que diga y por muchas barreras que levante, llegará un día en que otra persona las vuelva a cruzar. Por eso siempre dejo medio abierta la ilusión, para seguir viviendo esta vida sin negarme nada.
Será que el amor es un juego en el que siempre pierdo. Pero, sea suerte o destino, algún día me tocará ganar.

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